El día que conocí a Fernando López

Hay días ordinarios que a veces se convierten en días fantásticos, hoy fue uno de esos días.

Por la tarde fui a la presentación del libro del gran poeta y paisano Otto René Castillo, Vamos Patria a caminar.

Pero tenía doble intención al ir, no sólo escuchar y comprar la obra del insigne poeta quetzalteco, sino además escuchar nuevamente en vivo a mi admirado paisano, el Maestro Fernando López que interpretaría sus extraordinarias versiones musicalizadas de los poemas y la ilusión quizá, de tener la oportunidad de poderlo saludar personalmente por primera vez.

El acto estuvo muy solemne exaltando la vida y la obra del poeta y escuchando varios de sus hermosos poemas, me gustó mucho la elocuencia y emoción de Victor Hugo Cruz, amigo y compañero de Otto René.

El broche de oro fueron las magnificas interpretaciones de Fernando que como siempre lo hizo de forma extraordinaria. 

Entonces me dispuse a ir a saludarlo , ya había pocas personas rodéandolo  y tomándose fotos con él, cuando finalmente llegó mi turno. A pesar que sólo nos conocíamos por Facebook me reconoció inmediatamente y me dijo: “Al fin nos conocemos personalmente paisano”, fue cálido y efusivo, nos abrazamos como viejos amigos que tenían años de no verse, bromeamos, comentamos, lo felicité por su cumpleaños que precisamente es hoy que justo cumplió mi misma edad y desde luego le pedí que nos tomáramos una foto y que quería que me firmara el libro.  Le pedí favor a una patoja que estaba esperando poderlo saludar y vaya que honor, resultó ser una nieta del poeta la que nos tomó la foto que para mí es histórica, del día que conocí a Fernando López. Hubiera querido más tiempo pero me despedí de Fernando diciéndole que luego lo buscaba para que me firmara el libro.

Hice cola para que me autografiara el libro el hijo del poeta, Patrice Castillo y detrás de mí estaba la diputada Sandra Morán, la saludé, luego me pidió favor que le guardara su lugar y cuando regresó platicamos brevemente. Luego que el hijo del poeta me autografiara el libro, vi que la diputada tenía un lapicero en la mano, entonces se lo pedí prestado para queFernando me autografiara el libro, ella accedió gustosa y rápidamente fui adónde estaba el Maestro allí cerquita para pedirle el autógrafo, lo interrumpí un poco porque estaba atendiendo a otras personas que le estaban comprando alguno de sus discos, él muy amable se dio el tiempito para firmármelo y luego muy cordialmente me despidió de nuevo con un abrazo.  Corrí a devolverle su lapicero a la diputada y me dispuse a retirarme.

Iba saliendo del Salón Mayor del Musac Fito Mijangos con una sonrisa dibujada en la cara, feliz, exultante, no sólo había ido a la presentación del libro del admirado poeta y escuchado sus versos, sino además había tenido el gusto y el honor de conocer personalmente al admirado paisano y Maestro (algo que era parte de mi bucket list) y quién además me trato de una manera muy especial.

Un lunes, que hubiera sido común y corriente se convirtió en un lunes maravilloso, en un día extraordinario… en el día que conocí a Fernando López.

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