Colores tristes

Suicidio Infantil
Suicidio Infantil

Cómo duele este país. Pesa, ahoga, encoge el corazón. Pienso en el suicidio de Mario Francisco Álvarez Baltazar, un niño afrodescendiente (les decíamos negros, antes de que la corrección política maquillara todo). Imagino cómo habrán sido de infernales los días de Mario en la escuela, sufriendo el acoso constante de sus compañeros. Pienso en la indiferencia de sus maestros, de la misma directora que cerró los ojos ante la queja de María Baltazar, de que molestaban a su hijo. Pienso en los padres de los compañeros de clase de Mario Francisco, me pregunto si son conscientes de lo que el racismo puede herir a un niño. Me pregunto si esa gente es parte de ese gran porcentaje de creyentes en Dios. Me pregunto en qué tipo de Dios creen. Si es un Dios que discrimina, odia, hace de menos. Me pregunto si en serio creen que Dios es canche y de ojos azules. Y si tal razón es suficiente para pensar que un negro, un indio o un chino son menos que un blanco. A veces me da asco este país con sus banderitas en los carros y el falso patriotismo, la hipocresía, el pecho hinchado en los estadios nacionales cada vez que hay un partido y al mismo tiempo los miles de insultos racistas que caen sobre los jugadores no blancos. Me duele. Y no parece que los guatemaltecos tengamos el sueño común de que un día todos valgamos lo mismo, sin importar nuestro color. Es terrible que un niño se quite la vida por el acoso de otros niños, y que nadie haya querido evitarlo. Hay que ser intolerante con el racismo hasta el punto de negarse a escuchar chistes racistas. El racismo es un delito que mata y entristece.

Fuente: Las Otras Luchas
Autora: Lucía Escobar

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