Resilencia y desnutrición


Dicen que somos un país de estúpidos porque la mayoría de nosotros apenas llegamos al metro cincuenta. País de desnutridos, país de tontos nos recuerdan a cada rato. Pero las declaraciones del presidente del CACIF, a propósito de los cambios a la Constitución, me han hecho dudar de la relación entre nutrición e inteligencia. Escuchar expresarse a nuestra elite política y económica bota cualquier teoría de esas. Me he topado con altos y bien nutridos, graduados de los mejores colegios y universidades del país, gesticular con menos coherencia que un pegamentero cualquiera. He visto perros callejeros, pateados y desnutridos con una sensibilidad y astucia mayor que la de muchos exitosos empresarios. Ese 2% dueño del 60% del país, de tanto casarse entre ellos para fusionar empresas, le ha hecho un daño mayor a su cerebro que toda la falta de vitaminas que padecemos los demás. ¿De qué nos sirve educarnos, sacar doctorados, viajar por el mundo si no somos capaces de indignarnos ante la pobreza y las injusticias? Para mí, un ser humano no vale por sus logros académicos o económicos, sino por su capacidad de botar sus propios prejuicios y privilegios para luchar por un mundo más justo. Mi fe en Guatemala surge de comprender la capacidad de los humanos, por muy desnutridos que sean, de afrontar las peores adversidades saliendo fortalecidos. Lo demás, la verdad, me pela… incluso las campañas disque sociales basadas en una falsa responsabilidad social empresarial.
Fuente: Las Otras Luchas
Autora: Lucía Escobar


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