Lacrimógenas


Escuchaba las noticias de la radio dentro de mi burbuja, con los vidrios arriba por aquello de los ladrones. Comencé a llorar como una niña, o quizá debería decir como una ministra. No podía parar de llorar. Se escuchaban los gritos de los normalistas. El ministro se oía enojado, bien bravo. Ni modo, a nadie le gusta que lo agarren a pedradas. Escuchaba los jadeos de los colegas periodistas, agitados y asustados. Y los admiraba. Pienso en el reportero Luis Soto con un coágulo en la cabeza por los golpes y siento rabia. A mí me dan terror los conflictos callejeros, soy de las que se paralizan entre bombas molotov y gases lacrimógenos. No me gusta eso de correr para salvar mi vida. Soy de la generación lounge. Pero no podía cambiar de estación y no podía parar de llorar. Me quedé escuchando noticias un poco más. Quería ponerme en los zapatos de las estudiantes de magisterio.¿Qué habría hecho yo de haber sido normalista? Me vi con el uniforme de un colegio privado y no de un instituto. Me vi en mi burbuja. Hice otro esfuerzo ¿Qué tipo de postura tomaría? Definitivamente no sería de las que tiran piedras porque siempre cierro los ojos cuando veo un objeto volador acercándose a mí (por eso no pude ser futbolista). Pero tampoco sería de las que se repliegan sumisas y calladas mientras acatan órdenes. Pienso que mis padres nunca me habrían dado permiso de salir a bochinchear. Me di cuenta que no podía ponerme en el lugar de los estudiantes porque siempre fui sobreprotegida y privilegiada. Así que no me quedó más remedio que seguir llorando en mi burbuja.

Fuente: Las Otras Luchas
Autora: Lucía Escobar

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